Notas

Aprender a reírse en la neo

Como Puericultora y Doula, tuve  la suerte de participar en el área de lactancia dentro de la Neo. Un lugar al  que como mamá uno siempre tiene miedo.

Cuando me ofrecieron el voluntariado en la neo, otra vez sentí miedo, y dudas. ¿Podré? ¿Sabre que decirles a las mamás? ¿Sabré qué hacer con esos bebes tan chiquitos? Hasta que empecé y todo fluyó. Comencé a entender que ellos son muy pequeños pero con una fuerza increíble. Que cuando algún bebé tuvo que partir, por algo fue y entendí que la vida tiene esos obstáculos que hay que superar. Viví momentos mágicos, que no tienen explicación lógica, muchas  cosas que los médicos no pueden explicar. Aprendí.  Aprendí mucho, a acompañar, a contener, a quedarme callada,  hablar,  escuchar, enseñar, indignarme, aguantar,  enojarme y también a no poder decir nada.

Hoy con mucho placer puedo afirmar que los bebés y las mamás, me enseñaron a vivir a mí, de una forma diferente. Comprendí que no hay que  preocuparse porque uno llega a tarde a un lugar y correr como loca, cuando las mamás de la neo tienen muchas horas de viaje, para poder ir a su casa y volver a estar junto a su hijo.  Ayudé a empoderarse, y habilité  muchas veces a hacer upa, a cambiarlos, a bañarlos,  a alimentarlos, a estar presentes cuando los revisan, porque ese es su derecho, el de ellas y el de sus hijos y lo más importante es que sepan que pueden poner límites sobre la forma en que son tratados y sostenidos sus bebés. Esto me enseñó a mí también como madre a poner freno a ciertos especialistas que atendían a mis hijos.  Aprendí a poner en perspectiva y dudar. Lo que parecía grave tal vez no lo era tanto. La vida se ve de otra manera después de estar en  la neo.   Entendí, que aunque no comparta ni esté de acuerdo con muchas cosas del sistema médico dominante, tengo que convivir con él porque sólo a través de él puedo, llegar a esas mamás y ayudarlas. Lo más lindo y enriquecedor fue que aprendí   a reírme con las mamás. Nos reíamos juntas en un  lugar donde eso parece un imposible.

Hoy puedo dar gracias porque aprendí mucho más que lo meramente  profesional. Aprendí a ser mamá desde otro lado y a ser una mejor persona, porque ellas me enseñaron a valorar la vida  desde otro lugar.

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